2017 y contando

Enero

Empecé el año en Buenos Aires, casa materna, con una lesión de rodilla producto de un accidente del año anterior (la bicicleta y yo no nos llevamos bien). Familiares y amigos venían a visitarme, sin creer aún el golpe que me había dado. La bota ortopédica y tener que tener la pierna levantada todo el día no se llevaban bien con los 38 grados del calor bonaerense.

Febrero

Rehabilitación, mucha. Series y películas en la cama, mientras hacía ejercicios con la pierna y me quejaba de mi mala suerte. El kinesiólogo y yo ya éramos mejores amigos. Todo el día sola en casa tirada, volvió el amor por las letras y me puse a escribir para pasar el tiempo, porque sí. Skype con alguna amiga que intentaba levantar el ánimo a la distancia.

Marzo 

Las muletas se convirtieron en un bastón. Con mayor movilidad pero mucho cuidado, salir a que te pegue el sol – sin que medie el vidrio de una ventana – fue lo más reconfortante del mes. Volver a trabajar luego de tres meses. Visitas de una amiga que me tuvo paciencia en cosas tan simples como cruzar la calle.

Abril

Las sesiones de kinesiología iban disminuyendo conforme la voluntad de recuperarme crecía. Volver a la locura laboral de principios de año y darte cuenta que no extrañabas la oficina. Semana santa con la visita de mi hermana y mi cuñado, a conocer juntos las playas del caribe mexicano. Noches enteras de burako, entre tacos y asados.

Mayo

Ya sin bastón, mi mamá llega a casa y se sorprende de verme caminando – en diciembre cuando la vi por última vez me subí a un avión en silla de ruedas -. Disfrutar cada segundo de esta ciudad con mi vieja, mostrarle cómo es vivir acá. Ella sorprendida de la amabilidad de los mexicanos, yo atesorando cada momento de su visita.

Junio

Las inspecciones del médico son menos frecuentes y más cortas. Que por buena alumna, las placas se iban acomodando solas como se suponía. Recibir los 30 con festejo doble: mexicanos que me cantan las mañanitas y comparten un pastel, y argentinos que brindan por mí con fernet. Mes de mi llegada a Taburete, donde por fin iba a animarme a mostrar lo que escribo a quien tuviera ganas de leerme.

Julio

Mudarse de departamento a casa en una esquina como la de mi infancia. Nuevo barrio por descubrir. El verano lluvioso como siempre en la ciudad. Pero de repente tu mejor amiga te avisa que va a verte una semana, porque te extraña y no importa el clima, ni nada. Organizar un viaje express a la ciudad de Oaxaca, disfrutar entre pirámides, charlas y mucho mezcal.

Agosto

Crear un grupo de amigos argentinos con los que compartís literalmente todo. Una pequeña familia se iba formando, cada uno con sus particularidades pero con esa cosa de la nostalgia por todo lo conocido que dejamos allá. Novio de viaje, ellos fueron mi sostén y compañía (y lo seguirán siendo). Recibo la mejor noticia del año: voy a ser tía y ya saco el pasaje para ir a conocer al pequeño nuevo integrante de la familia el siguiente año.

Septiembre

Vivir dos sismos en la ciudad y aprender que el pueblo mexicano se levanta, como sea. Visitas de una amiga en la playa, para relajar después del temblor. Seguir conociendo pueblos en su compañía, ambas alertas a que podía sonar la alarma, pero felices de estar juntas. El doctor sigue orgulloso de mis avances.

Octubre

El otoño mas veraniego que viví. La ciudad se viste de flores amarillas por el festejo del Día de Muertos, tradición que ya adopté como propia. Todo es esqueletos y calaveras. Me disfracé de catrina y por primera vez armé mi altar. Recordar a los muertos con una sonrisa es mi nuevo lema.

Noviembre

Se cumple un año de mi operación de rodilla. Aún con miedo de subirme a una bicicleta pero con el alta del médico. Sigo recorriendo esta ciudad, viendo todo lo que me perdí el año anterior. Me hago mi primer tatuaje, una deuda personal que finalmente saldé (y probablemente no sea el último, porque como me advirtieron, puede llegar a convertirse en un vicio).

Diciembre

La ciudad ahora se viste de rojo: árboles de navidad repletos de paquetes, renos hechos de luces doradas, piñatas por donde sea, y hasta pista de hielo en la plaza principal. Primera navidad en México y como siempre es todo color y alegría. Las fiestas sin la familia pero con los amigos que elegí. Y terminar el año brindando con mi novio en la huasteca potosina de este país. Cascadas, jardín surrealista, golondrinas, mucho sol para recargar energías.

365 días que se van, y otros que vendrán. Experiencias, momentos, recuerdos, palabras, anécdotas… todo por estrenar! Feliz año!

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