LA MAGIA DE LA LUZ

Su taller queda en una casona antigua del barrio de Balvanera, una suerte de refugio de artistas de diversas disciplinas, que se fueron instalando en lo que parecen haber sido antaño, las habitaciones de un conventillo. Cada día conviven, mate va mate viene,  unidos por este proyecto en el que la autogestión tiene un papel protagónico. Hay pintores, libreros, fotógrafos y Norma con su taller de fotografía estenopeica, que sabe ser el espacio para las clases y transformarse en cuarto oscuro según la ocasión.

Cuando la conocí, era una de esas mañanas de domingo demasiado aptas para la melancolía. Afuera el cielo plomizo y frío expulsaba a cualquier ser humano dispuesto a deambular por las calles desiertas de la ciudad aún sin despabilar. “Hace falta sol para sacar las fotos estenopeicas”, pensé, desde mi escaso conocimiento sobre el tema, ni bien abrí los ojos. Con esas cavilaciones dando vueltas y la melancolía al acecho partí para el taller.

Ni bien toqué el timbre 20, me abrieron y luego de los dos pisos por una escalera plagada de sorpresas tras cada puerta desvencijada, llegué al taller que, en contraste con el afuera, invitaba a quedarse, los mates humeantes abrazaban a los asistentes que empezaban a caer, quizás con pensamientos similares a los míos.

Más adelante conocería la historia de Norma y de cómo aprendió a hacer magia.

– Yo estudié diseño industrial y en uno de los trabajos que tuve me tocó diseñar una partecita de una cámara… cuando vos tenés que diseñar una partecita de algo, por más que sea una perillita, hay que estudiar muy profundamente cómo es ese objeto, cómo funciona, entonces me introduje en el mundo de las cámaras fotográficas y me pareció increíble cómo se capturaban las imágenes… Vi que la manera más sencilla de que exista una cámara era la cámara oscura y no lo podía creer, porque es como sencillo pero a su vez muy específico y exacto. Era algo que no sabía y empecé a flashear mucho con como se comportaba la luz y absolutamente todo sobre eso, al punto tal, que me enamoré más de la fotografía que del diseño industrial.

Me relataría que de a poco fue dejando el diseño industrial y adentrándose en la fotografía y, más específicamente, en la fotografía estenopeica.

– Me empecé a preguntar qué era lo que podía hacer de mi vida y dije: quiero hacer algo que me guste mucho, que no me moleste ir a trabajar, entonces pensé: bueno, voy a empezar a dar algunas clases de estenopeica.

Norma relata entusiasmada que las primeras clases fueron en su casa con pocos alumnos y sin horarios ni fecha de finalización, “hasta que las fotos no salían maravillosas no terminaba…”; después comenzó a dictar  cursos en centros culturales hasta que tuvo su propio espacio, la casona de la calle San Luis donde hace 7 años armó su taller.

Con el correr de los minutos y de mis preguntas, Norma va desandando el camino que la llevó donde está ahora. La pasión que transmite es demasiado difícil de traducir en palabras. Los ojos luminosos y expresivos que se encienden un poco más conforme avanza el relato. Ahora recuerdo que esa pasión al enseñar  y su modo de comunicar, me dejaron sorprendida cuando asistí al taller. Es que cuando describe su metodología de enseñanza es muy clara en cuanto a lo que pretende:

-Me gusta el estilo de educación popular porque me parece que es mucho más interesante: que el conocimiento no tiene que entrar por la fuerza, que no hay sistemas de evaluación super estrictos, bizantinos, que solamente incentivan a la ansiedad. Entonces a donde sea que voy, trato de implementarlo de esa manera. Teniendo en cuenta que la persona que va a aprender no es una cosa vacía si no que tiene un montón de bagaje de vivencias. Y que está bueno que vaya a buscar en esas vivencias como para después terminar componiendo toda esta cantidad de contenidos que, en algún punto, muchas cosas ya las sabe, lo que pasa es que las tiene que combinar para entender algunas otras cosas más nuevas.

Norma enseña, minuciosamente, cómo construir la cámara estenopeica con latitas de gaseosas y luego, el momento mágico, el revelado y la aparición de la imagen, esperada muy ansiosamente por los asistentes.

– Me interesa que los que vienen puedan tener el poder sobre el proceso de la creación de un objeto que va a ser una herramienta posteriormente. Para mí eso es re valioso, me gusta que la gente que viene al taller se lleve eso más que nada, además de la cámara y las fotos. La actual es una época en la que todo viene como predigerido o masticado, entonces a uno ya le llegan un montón de objetos que no sabe realmente cómo funcionan y los usa por inercia, y los consume, y no sabe cómo se arreglan… y por ahí, ni siquiera están rotos.

Y  este punto es una de las cosas que, en lo personal, me fascinan de este arte. Tomar una lata de descarte y hacer con ella una cámara, que pueda producir tantas imágenes como se me antojen. La producción de algo nuevo con algo usado, despertar lo viejo y reiniciar su ciclo de vida útil. Es parte de la magia de la fotografía estenopeica y la fascinación que ejerce sobre quienes pasan por esa experiencia.

*Facebook: Norma Padovani

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