LOS SABORES EN TIEMPOS DE VIAJE

Asumo que la ciencia me daría la razón si me atreviera a decirles que existe una íntima y directa relación entre los sabores y su capacidad de hacernos viajar en el tiempo. Más fuerte aún es la falta de atención que solemos ponerle al asunto.

Probablemente pocos imaginen cuantos momentos espontáneos se repiten en tiempos de viaje, lejos de casa, fuera del país, en los que un simple recuerdo puede hacernos anhelar el sabor de las viejas tradiciones.

Rondando los veintitantos, recién empezaba a vivir sola, y cae a mis manos un artículo sobre el mate. Contaba sobre los sentimientos que se envuelven detrás de este ritual.

Lejos de lo que muchos resaltan sobre el asunto, aquel texto describía la experiencia del primer mate que uno prepara para tomarlo solo. Esa costumbre que traemos en el ADN quienes nacemos en el campo, que significa, no solo la reunión y la charla con los otros, sino también el encuentro con uno mismo. Algo asociado a la madurez, a la crítica conversación unipersonal. La cruda sinceridad del hombre frente al compañero más leal, su mate.

En la noche de mi cumpleños N° 29, estaba compartiendo un vaso “comunitario” de Fernet con Coca Cola helada junto a unos cuantos extranjeros y otros pocos argentinos en Rio de Janeiro. Era la gratificante sensación de la amarga dulzura, o dulce amargura de nostalgias la que pedía a gritos el encuentro de barrio y las tardecitas de verano con olor a pasto recién cortado.

Todavía hoy, me levanto los domingos por la mañana y me parece reconocer el olor al asadito del vecino. Escuchar a mi madre preparar la mesa para el nuestro, que fiel a contra reloj de rutinas, comenzaba a arder en el fuego horas atrasadas. No hay celebración sin el ritual de la carne a la parrilla.

Cada tanto, las discusiones de fútbol se disparan hacia el rubro culinario, y me veo explicando cortes, tipos de carne y modos de preparar nuestro asado argentino. Con el tiempo aprendí que tal vez uno puede no ser un experto a la parrilla, pero nada que un poco de limón, chimichurri y fumasa de brasas no solucione.

Hace unos días, la comodidad del ifood trajo a la mesa de mis amigos brasileros la cena de entresemana más típica de casa: las empanadas. Fue una presentación del concepto más fiel de empanadas salteñas de carne cortada a cuchillo encontradas en Sao Paulo. La inconfundible y admirada Pizza Paulista ahora tenía competencia directa y me sentí un tanto aliviada.

Lo cierto es que existen momentos en los tiempos de viaje, que lo exótico de la novedad extranjera parece solaparse con lo viejo de los sabores de casa.

La curiosidad infinita de quienes viajamos nos hace fanáticos a las sensaciones de nuevas comidas y otras tradiciones, y por descuidado que parezcan, los recuerdos envueltos en nuestros sabores parecen darnos otro viaje, el revivir de las raíces.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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