SOBRE LA CONVENIENCIA DE HABLAR CON EXTRAÑOS

Cuando mi nueva amiga Ayesha – persa/londinense- me preguntó entre tragos en el balcón del hostel “¿Vamos a cenar hoy con mi amigo Brandon? Me dijo que me iba a llevar a un lugar muy bueno que él conoce”, yo la acababa de conocer y llevaba menos de 10 horas en Johannesburgo, medio mundo lejos de mi casa, de todo y todos los que conocía. Viajando sola por primera vez.

TopOfAfrica

Vista panorámica de Johannesburgo desde el Carlton Centre, mejor conocido como el “Top of Africa”

Había llegado un rato antes al hostel con una idea muy clara: ducharme, dormir una mini siesta (no mucho, porque era temprano y quería intentar ponerme en horario local), relajar e irme a dormir a un horario decente para encarar el siguiente día con pilas. Después de todo, estaba en Johannesburgo, mi puerta de entrada a mi viaje sudafricano.

“Ok, vamos”, le contesté. Y bajé al bar a buscar otro trago. Había leído que era mejor evitar el alcohol las primeras horas, para ganarle al jet lag. Un rato después, mientras seguíamos charlando con Ayesha y otras dos chicas en el balcón y el atardecer asomaba de fondo, me puse a pensar en todo lo que había leído sobre viajar sola siendo mujer (“solo female travel”, se sorprenderían de la cantidad de material que hay en internet, del cual confieso haber leído bastante) y recordé algunos consejos:

  • Bajo ningún punto de vista decirle a nadie que estás sola. Si es necesario, inventar conversaciones telefónicas con un supuesto marido o ponerse un anillo como si estuvieras casada.
  • No emborracharse jamás, porque podés perder la conciencia o tu capacidad de razonar y entender lo que pasa, que no es lo que uno quiere estando de viaje.
  • Escondé tu efectivo. Un buen lugar son las cajas de tampones o paquetes de toallitas.
  • No te vistas muy llamativa. No llames la atención.
Soweto1

En mi primer día durante el recorrido guiado por “Soweto”, barrio de Johannesburgo donde vivió Nelson Mandela

Y evidentemente algo de todo lo que leí, sumado al hecho de que era mi primer día ahí, debe haber llegado en ese momento a mi conciencia y tuve que preguntar: “Perooo… este amigo tuyo, ¿lo conocés bien? ¿Podemos confiar en él?”.

“¡Claro!” Me respondió, fresca, Ayesha. “No te preocupes, lo conocí ayer acá, en el bar. Es un buen chico, él y sus amigos tienen una ONG y le enseñan a los chicos a andar en skate para alejarlos de las drogas y el crimen”.

Un rato más tarde, mis amigas (mi mejor sostén a la distancia y mejor público para anécdotas e historias sudafricanas) preguntaban en nuestro grupo de whatsapp:

  • Y?? cómo anda Johannesburg?
  • Muy bien! El hostel divino y la chica que me atendió es un amor. Se llama Dudu y lo primero que me dijo es “Aw, you are so beautiful!”. Creo que la amo. Estoy un poco cansada, pero en un rato nos vamos a cenar a un bar acá cerca
  • Cómo “vamossss”?? Acabás de llegar, con quién vas?
  • Con unos amigos, después les cuento =P

Nos subimos al auto de Brandon (mmm, ¿qué dirían los blogs de esto?), anduvimos por calles muy poco iluminadas y transitadas de Jo´Burg y llegamos al lugar, al que nunca habríamos llegado solas. La cena estuvo riquísima: una multitud de canastitas con frituras varias de las que comimos hasta hartarnos y unos vasos larguísimos de cervezas, de esas que me merecía después de las mil horas de avión que tenía encima. Brandon resultó, de hecho, un muy buen pibe, que nos contó todo sobre su vida y su proyecto, del que lamentablemente no recuerdo el nombre.

Esa noche, la primera del viaje, perdí el miedo a charlar con extraños, a decir que sí y a que me pase algo por todo eso. No todo sería color de rosa en ese viaje, es cierto. Pero lo peor que me pasó por decir que estaba sola, es que alguna empleada de supermercado me mirara perpleja y me preguntara: “¿y cómo, sola? ¿tu marido te deja?”, a lo que respondí casi siempre con una risotada y más o menos explicaciones según mis ganas y la situación.

Así que si pudiera reescribir todos esos blogs y notas sobre “solo female travel” diría: salí, divertite, ponete lo que se te cante,  contale a toda la gente increíble que vas a conocer que viajás sola, contales la historia de tu vida y escuchá la de ellos, tomá cervezas de marcas desconocidas, hacete amigas, filosofen juntas, piérdanse y exploren juntas, aprendé palabras en un nuevo idioma, caminá mucho, hacé lo que quieras y no escuches ni leas a quien te diga que no podés.

– Patricia Pargament

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