ENTRE EL SUELO Y EL CIELO: KUELAP

A veces está bueno no saber muy bien algunas cosas, descentrarse, salir de sí e ir buscando la respuesta a medida que el viaje, el lugar, la gente y sus paisajes te sorprenden. Algunas cosas que suceden en los viajes, uno las entiende después.

Era enero de 2013, mi primer viaje al exterior, estaba ansiosa por llegar a Machu Pichu, nos encontrábamos en Chiclayo en la costa Pacífica de Perú, sentía que cada vez estaba más lejos. Conversábamos sobre qué rumbo tomar, hacíamos cálculos de los días que nos quedaban y distribuíamos los lugares que queríamos conocer.

La verdad, debo confesar que no sé bien por qué llegamos a Kuelap. Creo que algunas voces que se cruzaban en el camino nos habían mencionado de lo increíble que era, que la llamaban la Machu Pichu del norte y que si andábamos tras las huellas arqueológicas preincaicas, esa debía ser la próxima parada, para luego entender la gran hazaña Inca.

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Imágenes: Se aprecian los cimientos de las construcciones circulares. Aquí se visualiza cómo luego de la invasión Inca, se agrupan para rodearlas de muros rectangulares.

Tomamos un bus a la ciudad de Chachapoyas, ubicada en el departamento de Amazonas, 8 horas aproximadamente hacia el noroeste.  Una vez instaladas, salimos muy temprano para conocer la ciudad fortificada. Tomamos un bus hacia el pueblo de Tingo, apreciando cómo se enfrentan y a la vez se acompañan, el camino y el río Uctubamba. Desde ahí, caminamos al sitio arqueológico (actualmente se cuenta con un teleférico debido a que en los últimos años se ha hecho más conocido y visitado).

Entrar a la llacta de Kuelap fue sentirse libre y vigilado, observado a la vez.

Por un lado, se encuentra rodeada de una gran muralla de piedra caliza ondulante de 20 metros de altura que servía de protección, al no poder ser vista desde abajo, y de trampa, al ingresar por un estrecho callejón que por momentos cabía solo una persona. Esto permite entender el lugar privilegiado y estratégico.

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Imágenes: Muralla de 20 metros de altura que rodea la fortaleza. A su vez, es una de las tres entradas principales. La misma es ondulante para hacerla más imperceptible.

Pero por otro, se ubica a 3.000 metros de altura, al borde del precipicio y muy lejos del río, donde el Amazonas y la cordillera se tocan, se funden en una selva montañosa, muy cerca del cielo, casi pegadito a las nubes. Desde la fortaleza se podía ver todo, además allí arriba el viento corre rápido y te despabila, mirar desde lo alto hace que mires distinto, que mires lo que no ves, distinguir lo bonito del paisaje, los diferentes tonos de verdes que forman las chacras de cultivo minuciosamente limitadas, marcadas, donde los campesinos de la zona aprovechan hasta el más ínfimo rincón.

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Debido a su difícil acceso y al no ser visitado de modo masivo, Kuelap conserva la fuerza espiritual de sus antiguos habitantes, los Chachapoyas, que vivieron mucho antes de los Incas y se caracterizaban por ser fuertes y temidos guerreros que vivían entre las nubes, hasta que fueron conquistados por los Incas. Se dice que las mujeres Chachapoyas eran de una gran belleza, lo cual cautivó a los reyes incas y fueron llevadas a los templos del sol para ser de su propiedad.

Al recorrer la ciudad, llama la atención la particularidad de sus construcciones circulares, las cuales cuentan con detalles, frisos y decorados de figuras geométricas con lajas incrustadas en los muros o tallados sobre piedra que simbolizan a la serpiente, al agua y al puma de la montaña, a lo cual le rendían culto.   

El tintero es una de las construcciones destacadas, posee forma de cono invertido, según se sabe era utilizado en ceremonias ritual y como observatorio astrológico, en su interior se encuentra macizo, con solo una cámara en la parte superior en forma de botella en la que se depositaban los sacrificios, por lo cual se supone que era un mausoleo o tumba comunitaria.

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La muerte era un tema fundamental en la vida y la historia de este pueblo y una gran incógnita en los tiempos de hoy. Será por ello que nos sentimos tan atraídas por esta cuestión que decidimos estar cuatro días en Chachapoyas para poder recorrer también los maravillosos y originales sitios que prefirieron para dejar a sus antepasados, rendirles cultos: los sarcófagos de karajía y el mausoleo de Revash.

Cuando un hombre muere pasa a formar parte de una sólida cadena espiritual que entrelaza con los antepasados y los vivientes, es por ello que eligieron grupas enclavadas en las laderas y cornisas de las montañas como sitios de entierro, lo cual permitía conservar los cuerpos por las bajas temperaturas y por la imposibilidad de acceder. ¿Quién está más muerto?

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Sarcófagos de karajia

Los Sarcófagos de karajia se encuentran en lo más alto de las montañas, en un sitio que se llega luego de una caminata de casi tres horas y de difícil acceso. Los sarcófagos tienen forma humana, están elaborados en arcilla con estructuras de palos y piedra, pintados de rojo y decorados con símbolos mágicos. En su interior colocaban los cuerpos en cuclillas envueltos en textiles decorados, acompañados de ofrendas de cerámica y alimentos.

Desde hace un tiempo el Museo y centro de investigación de Leymebamba protege y conserva con los cuidados necesarios más de 200 momias recolectadas de la zona.

 

María Emilia Berardoni

 

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