DE FÚTBOL, NI AHÍ

Imaginemos la situación: una argentina en Brasil post Copa del Mundo 2014. ¿Están ahí? Si aún esta primera oración los mantiene acá y no es porque me conocen y quieren saber qué puedo agregar sobre esto, bueno gracias. No voy a asombrarlos, no vengo a contar nada nuevo.

¿Aún acá? Existe un asunto monstruoso en torno al fútbol, a los argentinos, y particularmente Maradona y Pelé. Argentina-Brasil. Vivo aquí hace 2 años y aún me eriza la piel conversar de esto.

El famoso Maracaná formó parte de mi escenario urbano durante 3 meses. Siempre por fuera. Ida y vuelta de casa al centro me hacían pasear sus veredas a pie, en colectivo, incluso lo he recorrido con mi bicicleta. Nada fuera de lo normal, el famoso Maracaná, impactante y majestuoso en un barrio de Rio de Janeiro poco transitado por turistas más allá de estos alrededores. Claro que por la simple existencia del estadio ahí, obvio.

Es cierto, venimos de un país donde el fútbol es importante. Nos reconocen en todos lados por el tema en cuestión, y no hay persona en la que por el simple hecho de reconocerte o presentarte no emita algún comentario de esto. Y eso que incluso a mí me gusta el fútbol. Muchas veces fui a la cancha a ver a la querida Banda Millonaria. Pero bueno, hay que parar un poco y diferenciar asuntos. ¡No todo es fútbol en la vida, muchachos!

Final Olimpiadas 2016 Maracana

Visité el Maracaná en la ceremonia de cierre de los Juegos Olímpicos 2016. Cómo llegué ahí es lo interesante. Fue gracias a un americano que a 2 horas del evento le sobraba una entrada, ya agotadas, y decidió invitarme. Llovía, hacía frío y el estadio parecía irreconocible. Pensé “al fin aquí”, internamente yo sabía que para muchos podía significar un gran momento, tener la oportunidad de estar dentro del estadio, recorrer los pasillos y pensar que 2 años atrás nos merecíamos ganar la copa del mundo en este mismo lugar. Que era nuestra chance, y no fue.

Final TyCSports

Es un sentimiento difícil de superar, quizás por eso hoy pienso en que el fútbol no lo es todo. Un mundial más de la albiceleste, unos 90 minutos más de juego para 11 hombres profesionales que nos representan, un nuevo sueño que casi casi se consigue. Sentí pocas veces esa pasión como aquella final que veía desde casa, y ahora ahí parada, dentro de ese estadio los sentimientos volvían como ese dedo en la llaga, debía superarlo para no terminar en discusiones absurdas con quienes ahora son parte de mi escenario diario.

No es por falta de pasión que prefiero no conversar de fútbol. No fue por falta de fanatismo que mi paseo por el Maracaná se dio en circunstancias totalmente diferentes a lo que imaginé. Tampoco fue por orgullo, rencor ni siquiera por angustia. Simplemente fue por entender que hay episodios de la vida tan conmovedores que mueven masas, que acercan a las personas, que se vuelven eternas en la memoria.

Brasil en el año 2014 recibió la mayor cantidad de argentinos en la historia, en sólo un mes. Nadie olvida, nadie deja de conversar sobre esa copa. Para una argentina en Brasil el fútbol está muy presente, y de vez en cuando emito mi opinión compartiendo alguna cerveza con amigos, pero la verdad es que para mí el tema se acaba cuando recuerdo aquella final en el Maracaná con más de medio país hermano alentando por otro. ¿Será que lo ganado fue una absurda rivalidad a la que nunca le encontré sentido?

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