DE QUIÉN ES LA VEREDA

Cuando conocí el sudeste asiático, una de las cosas que más me llamó la atención fue la cuestión del uso del espacio público. Los occidentales damos por obvio un cierto esquema de uso del espacio público, donde la calle es para los vehículos, la vereda es para los peatones y cada comercio usa el interior de su local como puede. De hecho, en Buenos Aires, las contadas veces que uno ve en su día a día una moto subirse a la vereda, esto es motivo de indignación.

¿Cómo van a hacer algo tan barbárico, peligroso e incivilizado?

Pues bien, resulta que las normas sociales cambian de una sociedad a otra, y cambian mucho. Esto me quedó especialmente claro cuando conocí Ho Chi Minh City, la ciudad que antiguamente se llamó Saigón y fue capital de Vietnam del Sur (cuando todavía había dos Vietnams) y hoy es la ciudad más grande de Vietnam y un gran polo turístico del sudeste asiático.

Cuando un turista sudamericano llega a Ho Chi Minh City, hay un momento clave que cambiará su vida para siempre. Ese momento ocurrirá alrededor de las 6 de la tarde, cuando empieza la hora pico. El turista sudamericano camina alegremente por la ciudad, quizás recorriendo el fastuoso barrio francés (similar a la Recoleta porteña, pero bastante más ostentoso) o saliendo del Museo de los Vestigios de la Guerra de Vietnam (el museo más apasionante que visité en mi vida) y lo hace, por supuesto, por la vereda, porque por allí se camina en todo el mundo, ¿no?

Bueno, sí. Pero aquí viene la novedad: cuando llega la hora pico, el turista sudamericano verá cómo una o dos docenas de motos vienen hacia él, andando impunemente sobre la vereda. Temerá la muerte y fantaseará con sus restos trasladados en avión de regreso a su país, solo para constatar que no hay ningún peligro, los motociclistas están acostumbrados a esquivar objetos inmóviles y lo hacen con suma precisión. Incluso no hay mayor peligro en seguir caminando, en tanto y en cuanto uno no haga giros bruscos.

Todo está bajo control, porque así funciona esa ciudad. Es normal que las cosas sean así. Y no es una característica específica de Ho Chi Minh City, lo mismo ocurre en Hanoi (capital actual de Vietnam), en Phnom Penh (Camboya) o, en menor medida, en Bangkok (Tailandia). Todo el sudeste asiático funciona así.

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Cuando logré perderles el miedo, me dediqué a sacarme selfies con las motos que pasaban alrededor mío en Ho Chi Minh City

¿Será que el sudeste asiático es la región más atrasada del planeta y por eso ocurren estas barbaridades?

No, para nada. Estamos hablando de una región del mundo que es ligeramente peor que América Latina, pero no por mucho, según marca cualquier medida de desarrollo económico que se use generalmente. La lógica de uso del espacio público ciertamente depende del nivel de desarrollo económico, pero también depende de otras muchas cosas, como la densidad poblacional, la geografía del terreno, las características del sector inmobiliario y, como todo en la vida, las normas culturales particulares.

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No solo se anda en moto por la vereda, también por los pasillos de los mercados y ferias (que, dicho sea de paso, son fabulosos en todo sentido)

 

Si bien no es fácil determinar la densidad poblacional de una ciudad (un rápido googleo puede llevar a encontrar rankings muy distintos entre sí), es claro que Ho Chi Minh City está entre las 25 ciudades más densamente pobladas del planeta. Eso quiere decir que el espacio físico escasea, y si algo escasea, es caro. Entonces cada uno se arregla con lo que hay o con lo que puede encontrar. Así es que los automovilistas sufren embotellamientos, los motociclistas andan por la vereda, los comerciantes apoyan la mercadería sobre la misma vereda y los peatones, bueno, hacen lo que pueden. Y todo esto es visto como normal, al punto de que uno mismo acaba acostumbrándose luego de unas pocas semanas allí. ¡Cómo estarán de acostumbrados los vietnamitas que vivieron así toda su vida!

Y claro, las percepciones no solo son subjetivas, sino, además, culturales (endógenas, diríamos en economía). Quizás si un vietnamita pisara Buenos Aires, se maravillaría de ver tanto espacio libre en la vereda para que los peatones caminen. O quizás se horrorizaría de ver tanto espacio físico desperdiciado (porque si está “libre”, capaz eso quiere decir que no lo estamos aprovechando). O, me la juego, más probablemente, habría un poco de cada cosa. Por eso cuando discutimos sobre desarrollo económico, uno de los puntos centrales es entender hasta dónde esas “normas culturales” pueden o deben ser modificadas para mejor. Porque el objetivo siempre es vivir mejor, sobre la calle o sobre la vereda.

-Martin Trombetta

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