CUADERNOS, VIAJES Y PATRIAS

Al recibirme de comunicadora social, me regalaron un cuaderno de Frida Kahlo. Una rareza porque en el 2015 ya nadie escribía en papel, los millennials descubrimos la computadora hace rato. Creo entonces que fue una especie de premonición porque un año después de ese día de festejos y tesina, me mudé a la ciudad donde vivió Frida, a media hora de su casa (ahora convertida en museo).

Todo surgió por una oportunidad laboral de mi pareja. Oportunidad que aprovechamos ambos para descubrir el mundo de la publicidad mexicana, que, por supuesto, no es muy diferente del de la argentina (vender promesas; muchas palabras en inglés; caretearla en eventos sociales).

De ahí en más, a conocer lo que es ser expatriado. Otras costumbres, comidas, diálogos, horarios (mis amigas siguen sin entender la diferencia y puedo levantarme con 85 mensajes de un grupo de Whatsapp, o quizás lo entienden y no les importa). Pero también aprovechar y recorrer una ciudad que, a un año y meses de haberme mudado, no deja de sorprenderme. Todo se volvió calaveras, tequila y mezcal, pirámides, tacos, mariachis, colores, mañanitas, pueblos mágicos.

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Con mis recientes 30 años, me gusta aprovechar esta oportunidad que se me dio. Se extraña, claro, pero la curiosidad pudo más. Y las ganas de conocer y aprender de todo un poco. Es que viajar se convirtió en mi hobbie favorito desde que tengo memoria y mis viejos me subieron a un tren para ir a Mar Del Plata (6 horas de leer libros y jugar con mi hermana mayor a las cartas). A partir de allí, siempre que se puede lo pongo en práctica y desde que existen las redes sociales (o desde que me propuse usarlas con el objetivo de comunicar) es que además de viajar, comparto. Anécdotas, consejos, experiencias…. eso que te llevas de cada lugar y está bueno dar a conocer porque nunca se sabe a quién le puede servir o simplemente a quién le guste leerlo.

Tuve la suerte de recorrer varios lugares y ahora tendré la oportunidad de contarlo, porque además escribir es algo que me encanta hacer desde chiquita. Mi primer cuaderno de historias con finales felices fue uno de Pocahontas (seguro yo quería de La sirenita y mi mamá compró el primero que encontró).  El último, es el de Frida. Por ahora.

 

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