OS AMIGOS DA ONÇA

Noche de Carnaval, la ciudad suda calor y música, respira criaturas de todos los mundos. Las calles ven desfilar, ir y venir, pieles, plumas, alas, garras. Son un sinfín de leopardos, gatos, leones. Sin dudas los felinos predominan. Nosotros éramos solo unos pocos, algunos, los blancos por lo general siempre fueron los más multitudinarios en la familia.

El payaso toca el pandero mientras su gitana le danza, sus pies marcan el rumbo que iba invitando a recorrer. Una pantera cargando su trombón de modo sagaz me guiña el ojo, y me enseña que en su grupo hay unos cuantos más, me invitan. Claro que no son todos panteras, cuán indefensa habría de sentirme si hubiese sido así.

Ese redoblante acelera el ritmo dándole el calor que nuestros cuerpos exigían, llega con fuerza un astronauta con su saxo, y por allá atrás una tigresa que da la señal con su trompeta. La cacería se ha puesto en marcha.

Durante los momentos de éxtasis ninguno es presa, tampoco ninguno está cazando. El ritual es aquella unión entre los distintos, entre los iguales.

Fui cautiva de un príncipe persa, la agudez en su vista dejó a merced y en sus brazos el salvajismo de aquel unicornio.

-Manu Casas Bergé

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