CHAMPAGNE POR LA PAZ EN SERBIA

“Fui a estudiar a Milán y durante ese semestre mi mejor amigo fue un chico bosnio. Un día quisimos hacer una escapada a algún lado… Filtramos cuál era el vuelo más barato sin importar el destino, y apareció “Timisoara”: seis Euros ida y vuelta en avión. Emocionados lo reservamos al toque. Después vino la pregunta… ¿dónde queda Timisoara?  Al día siguiente estábamos yendo para Rumania. Terminamos armando un grupo algo improvisado… se unió un amigo de mi amigo, y su amigo también. Así fue como un croata y un turco viajaron con nosotros. El viaje fue muy barato. ¡Incluso alcanzó para irnos a Serbia en tren!

Una vez en Belgrado, fuimos a comer a un restaurante muy tradicional. Cada tanto se acercaban a nuestra mesa músicos con acordeones y violines. Los de la mesa de al lado, cuando se enteraron que éramos una argentina, un bosnio, un croata y un turco en Serbia, nos regalaron un montón de botellas de champagne. Les gustaba ver a la juventud unida, les daba esperanzas de un futuro con paz”.

– Paula Goñi

Foto: Martin Maier

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